El laberíntico y complejo sistema de redes ideado por los fenicios hace 3.000 años sigue constituyendo uno de los métodos más sostenibles y responsables de captura del atún rojo.

Durante el mes de mayo, en una de las peregrinaciones marinas más célebres, fascinantes y, al mismo tiempo, enigmáticas, el atún rojo, una especie capaz de adaptarse a los más diversos, cambiantes y duros entornos, abandona el Atlántico para culminar su ciclo migratorio y buscar en las cálidas aguas del Mediterráneo el hábitat adecuado para desovar y reproducirse antes de emprender, a finales de verano, lo que los científicos denominan una migración inversa de carácter trófico con destino al Atlántico.

Un fenómeno ya anotado por grandes autores clásicos e históricamente asociado a la almadraba, un ancestral arte de pesca desarrollado por fenicios y romanos y plenamente vigente hoy en día y que, en algunas zonas de España, especialmente en la costa gaditana,  constituye la base de su estructura económica, social y turística. En la carta de nuestro restaurante japonés en Alicante, Murcia, La Manga o Campoamor, el atún rojo de almadraba también ocupa un lugar preferente.

La almadraba, cuya etimología nos remite al lugar donde se golpea o lucha, es un laberíntico sistema de redes fijado al fondo mediante un complejo sistema de cables y anclas que desemboca en un gran copo sin salida desde el que los atunes son izados a las embarcaciones.

Aunque el mecanismo pueda parecer una trampa, se trata de un sistema de pesca probadamente sostenible y responsable, pues la cercanía a la costa hace que un porcentaje mínimo de los atunes que migran entre los dos mares sea capturado. Además, las propias redes ejercen de filtro, pues unos agujeros de un metro de longitud facilitan que escapen los ejemplares más pequeños para capturar únicamente aquellos con un peso cercano a los 200 kilos y una media de 15 años de edad, momento en el que ya han cumplido su actividad reproductora y garantizado la supervivencia de la especie.

La planificación de las almadrabas también ha estado condicionada por los planes de recuperación Plurianual para el Atún rojo en el Atlántico Oriental y Mediterráneo puestos en marcha por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) en 2006, que establecieron el oportuno control sobre las cuotas asignadas a cada país.

En esta temporada 2018, las cuatro almadrabas españolas, Conil, Barbate, Zahara de los Atunes y Tarifa, en la provincia de Cádiz, acaban de completar su cuota de 1.292 toneladas, 200 más que en 2017, y aún lejos de las 1.585 que tenían asignadas en 2006, cuando ICCAT inició los mencionados planes de recuperación.

“En nuestros restaurantes japoneses en Alicante, Murcia, La Manga y Campoamor, sólo servimos 100 % auténtico atún rojo (Thunnus thynnus), y parte de él procede de las almadrabas, cuya carne, por la temperatura del agua y el momento del año, es especialmente delicada y sabrosa, explica Antonio Bernal, propietario de Enso Sushi.

Nigiris, makis, temakis, uramakis, tatakis, ceviche… Disfrute de una experiencia gastronómica única con la mayor y mejor selección de sushi y una variedad de más de veinte pescados calidad sashimi.

reserva

Lo último

© Enso Sushi. Spain

Conecta con nosotros

Suscríbete a nuestro boletín: